Expresar las emociones. El llanto.

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El cuento de MATILDE Y LAS LÁGRIMAS MÁGICAS

En un país pequeñito vivía una niña llamada Matilde.

Tenía unos ojos castaños que se mezclaban con un color verde acuarela.

A los ojos de Matilde les pasaba algo extraño, o al menos, eso era lo que decían todos los habitantes del pequeño país.

Cuando veía algo triste, sus ojos lloraban. Bueno… eso no es nada extraño, me diréis.
Pero resulta que cuando veía algo bonito también lloraba.
De sus ojos brotaban lágrimas como de lluvia.

-Esta niña no es normal. A esta niña le pasa algo- decían todos.

Así que, a Matilde la llevaron a muchos médicos que le estudiaron los ojos. Se los miraban con muchos aparatos extraños. Se ponían lupas muy grandes y buscaban, buscaban… pero no encontraban nada.

Matilde no podía remediarlo. Lloraba más que otros niños.
Y comenzó a creer que era una niña extraña.

Una tarde decidió dar un paseo. Se puso su abrigo rojo y empezó a caminar absorta en sus pensamientos mientras observaba las hojas de los árboles y el canto de los pájaros.

Sin darse cuenta, había llegado a un bosque.

Se sentó en una roca y observó la tierra que pisaba, las hormigas que transportaban miguitas en fila hacia el agujero que era su casa.

De pronto, ante sus ojos, apareció la criatura más extraña que jamás hubiera visto.
Era un… ¡gnomo!, tan, tan pequeño que casi lo pisa.
El curioso ser también la observaba a ella y de repente ¡comenzó a hablar!.

– Hola Matilde, soy Musgo, un gnomo del bosque. No tengas miedo. Te he visto pensativa y preocupada por algo y no acierto a saber qué es.-

Entonces, de los ojos de Matilde brotaron lágrimas y la niña dijo: – Esto es lo que me ocurre. Lloro con facilidad y nadie sabe por qué. He visitado a todos los médicos del país y ninguno me ha dado una respuesta.-

El gnomo respondió: – Ven conmigo. Tal vez yo pueda ayudarte.-

Los dos se adentraron en el bosque y llegaron a un lugar que a Matilde le pareció lo más bonito que había visto en su vida.

Había un lago de agua cristalina con flores de colores, mariposas y hadas que volaban a su alrededor.

A un lado, una mesa perfectamente dispuesta para celebrar una magnífica merienda.

El gnomo invitó a Matilde a merendar y ella aceptó encantada.

Se sentó al lado de un pez que vestía un chaleco azul. Y éste le dijo: – El gnomo nos ha contado por qué estás preocupada. Pero debes saber que tus lágrimas no son en vano.

A tus ojos no les pasa nada. Lo que nadie te ha explicado es que tienes algo especial, y no en tus ojos, sino en tu corazón.

De tu corazón nacen tus sentimientos y de ellos tu sensibilidad. Y no hay duda de que eres una niña muy sensible. Pero eso no es malo. Al contrario, puedes percibir cosas que otros no ven.

Puedes vernos a nosotros y puedes ver tu reflejo en este lago que está formado por tus lágrimas.

Alrededor de este lago nosotros vivimos y si no fuera por esta agua, no existiríamos.

Tu sensibilidad permite que existamos nosotros, los seres mágicos del bosque.
Ya existe demasiada gente normal y que no expresa sus sentimientos. Nosotros necesitamos gente especial como tú.

Tal vez tus ojos se llenan de lágrimas más que los de otras personas. ¿Y qué si eso sucede?

Tienes un don, aprovéchalo. Explícales a aquellos que se preocupan tanto, que sentir con profunda emoción es bueno, que expresar lo que uno siente es lo que hace que este mundo tenga vida.

Te damos las gracias por tus lágrimas mágicas. Eres especial. Nunca lo olvides.

Mientras existan personas sensibles en el mundo, la magia nunca desaparecerá.

Y así, Matilde regresó a su casa. Todos a su alrededor aceptaron las lágrimas que ellos no eran capaces de llorar.

Fin

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Sobre el autor:

Psicóloga especialista en atención temprana. Enfermera. Psicomotricista. Educadora de masaje infantil.

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