Aceptar las emociones, aunque no nos gusten.

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¿Razón o emoción?

Somos seres racionales y emocionales. A pesar de que algunas terapias trabajan en controlar las emociones a través de los pensamientos, otras como el EMDR, tratan de una forma integrada este conjunto.

Como ya he comentado en artículos anteriores, a todos nos ha pasado que sentimos una emoción a pesar de que no nos gusta y nos incomoda y a pesar de que, teóricamente y de forma racional, sabemos lo que «tenemos» que hacer y nos gustaría sentiros de otra manera. Pero la realidad es que no nos sale. Y cuanto más se lucha contra esa emoción incómoda, más permanece y más energía consumimos. Al final, terminamos muy cansados física y mentalmente y, muchas veces, no sabemos por qué, pues no identificamos qué ocurre. Nos embarcamos en una lucha continua contra nuestras emociones.

Incapacidad-emocional

No quiero sentirme mal

Creo que uno de los orígenes de este problema es la no aceptación de nuestras emociones incómodas.

Nos han educado en la idea de que «debemos» sonreir a los demás, mostrarnos felices, con energía, positivos, y que, por ejemplo, llorar es de débiles, de niñas, de cobardes. «Tenemos» que ser fuertes, no mostrar nuestos sentimientos a los demás para que no nos hagan daño, hacer como que estamos bien aunque no lo estemos.

Frases que nos dicen desde muy pequeños del estilo de: «no pasa nada», «no llores», «no es para ponerse así», «hasta que no te calmes no te hago caso», «no te enfades», etc… confirman este tipo de educación en la que no se aceptan las diferentes emociones que sentimos desde la infancia.

Así, crecemos con la idea de que es mejor ocultar a los demás las emociones que nos incomodan y rechazarlas en nuestro interior. Sentirse bien se convierte en una obligación, y al no poder cumplirla, acabamos peor de lo que empezamos: nos sentimos torpes, culpables, creemos que cualquiera puede manejar sus emociones menos nosotros.

De esta manera se crea un círculo vicioso que cada vez nos hunde más en la negatividad. Cuanto mayor es la obligación de estar bien y no dar importancia a las cosas, más grande se hace el problema en nuestra mente y peor nos encontramos.

No queremos sentirnos mal, no queremos estar tristes, enfadados, asqueados, aburridos, ansiosos… y es normal. Son emociones incómodas y no nos gustan. ¿A quién le gusta sentirse incómodo?

Pero el hecho es que las emociones están ahí y no se componen solo de alegría, sino que hay muchas más.

Y estas son sólo unas pocas. Las que llamamos emociones básicas.

Nos gusten más o menos, cada emoción cumple una función, tiene una utilidad. Por ejemplo, la ansiedad nos hace estar más atentos a una situación nueva para reaccionar, el miedo tiene como función protegernos y el asco funciona como rechazo.

Observar y aceptar

En lugar de luchar contra las emociones incómodas, podemos probar a aceptarlas. Eso no significa resignarse a que no van a cambiar, sino darnos permiso para sentirlas. Sí, estoy enfadado, sí, esto es importante para mí y me preocupa.

Observarnos sin juzgarnos, porque los juicios siempre terminan por declararnos culpables. Sin esforzarnos en una lucha continua, porque luchar nos agota.

Todas las emociones son válidas

No hay emociones buenas ni malas, todas forman parte de lo mismo, todas nos hacen humanos.  Y es humano tener altibajos y cambios emocionales, y es inútil nadar contracorriente.

Considera válidas a todas tus emociones, siéntelas sin luchar por cambiarlas. Aprenderás a identificarlas, a comprenderlas (las tuyas y las de los demás), a tomarlas en serio. También verás que siguen su propio curso y que terminan pasando.

No me gusta sentir esta emoción, pero la siento y me quiere decir algo.

Os animo a que veáis esta película llamada Inside Out, que habla de la utilidad de todas las emociones.

Un saludo.

 

 

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Sobre el autor:

Psicóloga especialista en atención temprana. Enfermera. Psicomotricista. Educadora de masaje infantil.

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