La ansiedad es una emoción más dentro del arcoíris de las emociones. Normalmente aparece como una reacción al estrés diario y se manifiesta a modo de preocupación, nerviosismo o terror.

Actúa como mecanismo de defensa ante situaciones alarmantes, avisandonos que algo potencialmente negativo puede ocurrir. Es por ello que cuando esta sensación se ajusta a las circunstancias, entonces está bien regulada y cumple su función: nos activa, hace que busquemos soluciones y afrontemos los problemas. 

Padecer ansiedad en algunos momentos o situaciones importantes de nuestra vida es más normal de lo que parece. Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una entrevista de trabajo o un examen. También hay quienes la experimentan en momentos de incertidumbre en su vida. La dificultad del problema viene cuando esta emoción sube en intensidad y se convierte en patológica. De este modo, las personas que sufren este trastorno a menudo experimentan una sensación difusa de angustia, miedo o incluso deseo de huir, sin que haya una causa o peligro claramente identificado. Las preocupaciones son cada vez más persistentes e interfieren directa e indirectamente en la vida del individuo sin saber cómo llegar a controlarlos.  

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Síntomas y consecuencias de la ansiedad

Los síntomas de los trastornos de ansiedad son diferentes a los que se puede sufrir en situaciones normales de estrés. Las personas son incapaces de controlar las reacciones y, por tanto, el sufrimiento tiende a ser mayor. Esto puede llegar a provocar malestar tanto físico como mental. Aunque los síntomas pueden ser muy diversos, dependerá en todo caso del problema y de la persona. Los más comunes tienen que ver con la hiperactividad vegetativa, que se manifiesta de la siguiente forma:

  • Aumento del ritmo cardíaco, taquicardias o temblores en las extremidades.
  • Respiración acelerada. Sensación de ahogo.
  • Pérdida de control  o del conocimiento. 
  • Náuseas y sudoración.
  • Sensación de debilidad muscular o cansancio.
  •  Dificultades para conciliar el sueño.
  •  Dificultades para comunicarse.
  •  Pensamientos negativos y obsesivos. Sensación de peligro constante.

Cuando los síntomas de la ansiedad no se tratan, la situación tiende a empeorar y las consecuencias se vuelven aún peores para la persona. Es normal, que llegados a este punto, aparezca la necesidad de protegerse, y quedarse en casa o rechazar las relaciones sociales sea su mejor opción. Si esto sucede, los síntomas pueden acabar en trastornos o en fobias e incluso en una profunda depresión. Los principales son: 

  • Trastorno obsesivo compulsivo (TOC): Actualmente alrededor del 3% de la población sufre este tipo de trastornos. Quienes lo padecen tienen pensamientos intrusivos e ideas desagradables y persistentes que una vez aparecen, son difíciles de eliminar de forma voluntaria. Ordenar las cosas una y otra vez o repetir las acciones cada día son algunas de las “manías”, aunque la limpieza, el orden y la necesidad de comprobar las cosas son las obsesiones más comunes. 
  • Trastorno de pánico: es un tipo de ansiedad que puede ocurrir en cualquier momento sin previo aviso. La persona puede tener miedo ante una situación  que le recuerde a otra vivida anteriormente, causando ataques de pánico repentinos, lo que en ocasiones conduce a no querer salir de casa.
  • Agorafobia: se caracteriza como una ansiedad constante al permanecer en espacios públicos, aunque también puede aparecer ante lugares o situaciones donde a la persona le resulte difícil escapar. Puede darse en situaciones puntuales en la que haya mucha gente, por eso, se tiende a evitarlas.
  • Estrés postraumático:este tipo de trastorno suelen padecerlo personas que a lo largo de su vida han vivido o presenciado acontecimientos importantes o peligrosos, quedándose traumatizadas. Cualquier persona en estas circunstancias puede sentir estrés o temor, incluso cuando no hay peligro alguno. 
  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): se caracteriza por una ansiedad o preocupación persistente en situaciones rutinarias o actividades puntuales. La preocupación en estos casos es excesiva y difícil de controlar, afectando también al estado físico. 
  • Bloqueo mental: a menudo la ansiedad puede provocar bloqueos mentales de tipo emocional. El no saber qué decir o quedarse en blanco es una sensación muy común en estos casos, y resulta particularmente incómodo. La persona se siente atrapada sin saber cómo avanzar en sus planes, indiferentemente del contexto, cuando los niveles de estrés o ansiedad son demasiado altos. 

 

En este video te explicamos los síntomas de la ansiedad

 

 

Causas de la ansiedad

Está patólogía puede aparecer en cualquier momento de nuestra vida, desde la infancia a la edad adulta. No existe una causa clara sobre el trastorno de ansiedad, así como tampoco se puede saber con certeza cuándo aparecerá. Si es cierto que las personas que sufren de ansiedad son más propensas a verse envueltas por el trastorno en determinadas experiencias o acontecimientos traumáticos, que quienes tienen una vida relajada y “sin preocupaciones. No obstante, la mejor solución es pedir ayuda a tiempo.

Aún así, estudios han diagnosticado que existen algunos factores temperamentales (en personas tímidas o miedosas) o genéticos (las familias en las que hay antecedentes suelen tener mayor probabilidad de sufrirlo) que aumentan el riesgo de padecer este trastorno.

Tratamiento y terapia

Todas las terapias se abordan desde la psiquiatría y la psicología, en función de lo que necesite la persona. El tratamiento puede realizarse mediante terapia psicológica o mediante fármacos. Los datos estadísticos hablan de un alto porcentaje de recuperación completa a largo plazo con la ayuda de terapia cognitivo-conductual y EMDR. Quienes sufren de ansiedad en cualquiera de sus manifestaciones, tienden a pensar que el sufrimiento es crónico y no tiene solución. Pues bien, no es cierto. Los síntomas físicos limitantes pueden remitir en pocas semanas, aunque lleven años padeciendo, con el tratamiento farmacológico adecuado. Un buen tratamiento terapéutico puede eliminar totalmente el cuadro de ansiedad.

Con este tipo de terapias se ayuda al paciente a conocer la naturaleza de lo que ocurre. Lo primero que hacemos es identificar esas situaciones que le alteran o le disparan, analizandolas y generando diferentes recursos para afrontar esas situaciones de una forma más eficaz o más saludable. Es decir, para aprender a controlar la ansiedad y pensar desde una perspectiva más racional. 

En una segunda fase, identificamos tanto los puntos fuertes como los flojos, reforzando los fuertes y re-procesando los flojos.  

 

No es lo que hacemos, es lo que somos.