Apego seguro

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Teoría del Apego, cómo se expresa en niños y en adultos

El apego es como nuestro pegamento emocional. Podríamos definirlo como un  vínculo, psicológico y emocional, vital e innato en los mamíferos, que se establece entre la cría o el bebé y su figura cuidadora principal, generalmente la madre.  Es la experiencia a través de la cual aprendemos a sentirnos y sentir a los demás, a empatizar.
Un apego sano y seguro es fruto de una relación emocional perdurable con una persona específica, que produce seguridad, sosiego, consuelo, agrado y placer. Para desarrollar un apego sano, el cerebro del niño necesita «sentirse sentido» por quien cuida de él desde el inicio. Para ello, el contacto físico cuando somos bebés es fundamental.
  • Aline Hombravella nos cuenta los diferentes tipos de Apego

El tipo de apego que establecemos con nuestros padres durante los primeros años de nuestra infancia, va a determinar nuestra habilidad individual para formar y mantener relaciones en el futuro, haciendo uso de este «adhesivo» emocional. Para algunos, este proceso será algo natural, para otros con menos suerte, algo más distanciante, difícil, menos emocional e incluso imposible.

En nuestra sociedad, cada vez más industrializada, el estilo de crianza se ha deteriorado, alejando a los bebés de las mamás desde muy temprano, permitiéndoles llorar para no «maleducarles» cuando son bebés, y otra serie de factores están haciendo que no dejen de aumentar los trastornos y las enfermedades en la infancia* (estrés, ansiedad, déficit de atención, hiperactividad, síndrome de fatiga crónica, trastornos de la alimentación y de la conducta).
Se estima que uno de cada tres niños tienen algún problema de apego con su cuidador principal, y la mayor parte de los problemas de apego se deben más a la ignorancia o desconocimiento por parte de los padres sobre el desarrollo del cerebro de los niños, que al maltrato específico. Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero en el día a día hacemos lo que podemos. A veces nos falta apoyo, soporte, nos falta saber cómo gestionar los pequeños conflictos o las pequeñas rabietas, o estamos simplemente estamos cansados. Nos falta la tribu que nos da apoyo y nos sirve para aprender.

La primera infancia y los primeros años de vida son un período crítico de desarrollo en la mente del niño, que sirven para enseñar y  modelar la capacidad de tener relaciones íntimas y emocionalmente saludables. A esto lo llamamos experiencias de apego. En función de la cantidad, el tipo de cuidados, el patrón e intensidad de estas experiencias de apego tempranas, el niño podrá desarrollar en mayor o menor medida todo su potencial genético.
Todos los niños del mundo necesitan contención, seguridad y afecto para desarrollarse bien.
  • La AUTOESTIMA BASE que desarrollará un niño, tendrá que ver sobre todo con el tipo de apego que tenga con su cuidador principal, generalmente la madre y el padre.
  • El AUTOCONCEPTO que desarrollará un niño, tendrá que ver sobre todo con figuras secundarias, y la imagen que reflejen de él estas relaciones, en el colegio, lo amigos, profesores, los tíos, los abuelos, en general el resto de relaciones.

Existen 4 tipos de apego, y cada uno tiene una correlación con diferentes formas de comportamiento y de posibilidades de desarrollar alguna patología al llegar a la edad adulta**

 
Apego Seguro
Los niños con apego seguro, buscan seguridad y protección de la madre y reciben cuidado constante.
Hay coherencia en la figura principal de apego. Sienten que reciben una protección estable y que su madre está disponible emocionalmente y por tanto se sienten «seguros».
 

Generan una autoestima base de seguridad, calma y protección. Los niños se sienten «muy queribles». 
La figura principal de apego transmite cierta sensación de “incondicionalidad” y sabe calmarles.
El elemento central de la relación madre-hijo, es el afecto positivo.
El niño aprende de esta manera, a alternar entre la regulación interactiva con el cuidador y la autorregulación. Aprende a buscar ayuda cuando la necesita, o a tranquilizarse el mismo cuando puede hacerlo.
Si se dan todas estas condiciones, en un futuro, tendremos un adulto con apego autónomo, cálido, estable, capaz de generar relaciones interpersonales satisfactorias y estables, con una autoestima buena, capaz de dar y recibir afecto positivo de una forma sana, capaz de contener y ser contenido de forma sana, y que aceptará sus “tendencias” ó «defectos», incluso con sentido del humor.
Esto es lo que todos queremos, y con la ayuda de terapia, se consigue!

Apego Inseguro evitativo

En estos casos la madre no consigue identificar y conectar con los estados emocionales del niño, así que no consigue calmarle. El niño no consigue desarrollar una buena capacidad para conectar ni con sus propios estados emocionales, ni con los de los demás. La sensación general con la que crece el niño es de soledad.
El niño aprende a autorregularse como puede, pero tiene dificultades para usar una regulación interactiva, es decir, busca poco a su mamá, o incluso la evita cuando se siente mal.
Este niño, se convertirá en un adulto con apego distanciante, que no se sentirá cómodo en la intimidad, con tendencia a aislarse bastante. Son adultos que se ven autosuficientes y sin mucha necesidad de tener relaciones cercanas, que suprimen sentimientos, tienen un acceso limitado a sus estados internos emocionales y somáticos, una falta de contacto real consigo mismos, evitan la conexión profunda con los demás, y que, sin embargo, suelen tener una buena capacidad de análisis social. Incluso pueden ser personas que triunfan en el mundo laboral, o que socialmente son muy extrovertidas, pero les cuesta generar vínculos más profundos.
 
En estos casos, en terapia enseñamos a las personas a identificar en qué personas sí se puede confiar, en qué personas no se puede confiar, y cómo generar relaciones más profundas sin sentirse vulnerable.

Apego Inseguro ansioso-ambivalente

El niño busca ansiosamente al cuidador. Su cuidador principal, tiende a preocuparse en exceso cuando el niño se siente mal, de manera que el niño consigue regularse en la interacción, pero tiene dificultades de autorregulación.
Este niño, mostrará preocupación por la figura de apego.
Se convertirá en un adulto con apego preocupado, de los que buscan constantemente la aprobación de los demás y la respuesta continua de la pareja, será dependiente, desconfiado, con una visión negativa de sí mismo y de las relaciones interpersonales. Son personas con mucha emocionalidad, altos niveles de expresión emocional y de impulsividad, una concentración excesiva en la angustia interna, y con falta de límites en sus relaciones interpersonales.
A las personas que tienen apego ansioso, les enseñamos a regular esos estados de montaña rusa de las emociones, les enseñamos a ganar seguridad en sí mismos y depender menos de los demás. En terapia les enseñamos a generar apego seguro para tener relaciones saludables. 

Apego Inseguro desorganizado

El niño con apego desorganizado no sabe cómo calmarse, no sabe porqué esta mal, no sabe regularse solo o con compañía. No se autorregulación, ni se regula con la ayuda de otro, con la interacción de otra persona. Sienten a sus figuras de apego como amenazantes, y al mismo tiempo las necesitan.

Se produce en ellos un problema irresoluble, se acercan, pero la proximidad pone en marcha conductas de «defensa».  Al final estos niños no están bien en compañía y no están bien en soledad.
Este tipo de apego se genera en familias en las que uno o los dos padres tienen reacciones de alguna forma, agresivas, o en las que hay algún tipo de maltrato, ya sea físico o verbal, como un exceso de exigencia y autoritarismo. Cuando un niño necesita y a la vez teme a su cuidador principal, su cerebro se empieza a desorganizar.
Se convertirán en adultos inseguros, con cambios emocionales bruscos, impulsivos, cambiantes, con dificultades tanto en la autorregulación como en la regulación interpersonal. Tenderán a tener relaciones complejas y conflictivas.
Son los más propensos a patologías más graves en la edad adulta.
La primera infancia, está repleta de intentos repetidos, fracasos y finalmente éxitos en el aprendizaje: gatear, caminar, hablar, relacionarse con los demás, hasta poco a poco alcanzar a ser autónomos en un mundo potencialmente «peligroso».
En la terapia vamos a sentar las claves para que puedan reorganizar esos principios de base segura que de alguna forma les ha faltado. Este será el principio para después desarrollar todo lo demás. 

Para lograr estas conquistas, es necesario que nuestros hijos crezcan con la creencia bien enraizada de «soy querible, soy valioso, merezco que me cuiden y estoy seguro». Con esta base, el niño crecerá con la valentía suficiente y la seguridad suficiente para arriesgarse ante los peligros propios del crecimiento hasta lograr la independencia.
Además, los expertos afirman que existe una clara relación entre apegos inseguros en los padres, y apegos inseguros en los hijos. El estilo de crianza se transmite de generación en generación. Como padres y madres, queremos lo mejor para nuestros hijos, pero la realidad nos demuestra que la crianza y la educación es una tarea contínua y compleja. A veces no sabemos muy bien cómo gestionar una situación, estamos cansados de un largo día de trabajo o ya le hemos dicho a nuestro hijo mil veces lo mismo y no hace caso! En todas estas situaciones vamos a reaccionar en modo automático, va a salir lo que tenemos grabado desde que somos pequeños, lo que hemos vivido. Vamos a funcionar en automático, sin pensar. Acordaros que la mayoría de las decisiones y actuaciones que realizamos a lo largo del día son en automático.
Como padres, tenemos la responsabilidad de resolver nuestros propios conflictos de apego antes de desarrollar problemas en nuestros hijos. Es un proceso de descubrimiento y evolución, sorprendente, que nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos, a disfrutar más de las personas que queremos y gestionar mejor las situaciones complicadas que nos vamos a encontrar. Requiere trabajo y entrenamiento. Requiere terapia!
Os animo a conoceros en mayor profundidad y a reflexionar sobre las formas de educación de las sociedades más industrializadas. Por nuestros hijos, por el futuro.

 

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Autores de referencia:
*Holmes, Waters et al, O´Connor, Slagt.
**Ainsworth, Bowlby, Hesse, Main & Goldwyn, Kraemer, Klaus, C.Cortes, Arun Mansukhani, Holmes.

5/5

 
 

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Aline Hombravella

Sobre el autor:

Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid (M-15371), Máster en Terapia Cognitivo-Conductual (CINTECO), Especialista de Postgrado en Gerontología (Cruz Roja), y titulada en Puericultura y Educación Infantil (CEAC), con más de 15 años de experiencia como psicóloga.Formada y acreditada en EMDR para el tratamiento de Estrés Postraumático, traumas simples o complejos en el contexto de otras patologías.Desarrolla su labor profesional en el ámbito de la psicología sanitaria en distintos trastornos psiquiátricos y abordajes psicológicos, con niños, adolescentes y adultos.

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